Sobre la cima

por Imago

El horizonte se desplegaba ante mis ojos. Formas diferentes divergían en una maraña de entrelazadas visiones blancas. Adquirían extrañas formas que se suspendían en el aire, ora abstractas, ora realistas y definidas, como si pudieran atravesar las barreras de mi mente y expresar aquello que contenía. El aire, denso, soplaba con fuerza y trataba de arrastrarme hacia atrás. Las sensaciones eran incoherentes e inconclusas.

Hacía ya un tiempo que residía en dicho paraje, en lo alto de una cumbre que sobrevolaba las tierras circundantes. El pasar había sido aciago, repleto de una escasa significación, vacío de la nada. Mientras observaba la vida que se relataba en la espesa penumbra inferior, la cual a simple vista no parecía albergar a nadie, aunque había rastros de posible presencia humana, pensaba en la existencia y sus últimas consecuencias. El objetivo uniforme se extendía allá atrás, desplegándose sobre las alturas. No daba cabida, de forma sutil, a la libertad, pues ésta estaba presente en la misma esencia humana pero rechazada. Los condicionantes se revelaban subrepticiamente, sin que pudieran ser aprehendidos, para poder ejercer su poder sin revelarse a la consciencia. Si emanaba hacia la consciencia, la disonancia cognitiva hacía acto de presencia.

Apoyado con la pierna derecha sobre la roca que tenía delante, el tronco erguido y el cielo azul delante de mí, encontrándome absorto en los pensamientos, a mi izquierda apareció un ser que parecía humano, pero indiferenciado. No podría establecer género o sexo alguno, no podría definir. Las proporciones corporales eran las mismas que las de una persona, mismo cuerpo. La posición era la misma y me observaba atentamente. A cierta distancia, las sombras que producía la luz que atravesaban las nubes le proporcionaban una cierta ilusión de definición, aunque no dejaba de pensar que era un engaño producto del cerebro. Con paso dubitativo, me acerqué. A cierta distancia, traté de comunicarme, pero ninguna palabra parecía salir de su boca. Sus labios parecían moverse a través de la luz del sol, pero no había sonido alguno. Desconcertado, intenté acercarme lentamente, mas la figura desapareció en cuanto la distancia fue de escasos metros.

En esos instantes un pensamiento cruzó mi mente.

Sí, estaba decidido. Debía descender.