Nihil

Anacronismo viviente

Categoría: Relatos

Sobre la cima

El horizonte se desplegaba ante mis ojos. Formas diferentes divergían en una maraña de entrelazadas visiones blancas. Adquirían extrañas formas que se suspendían en el aire, ora abstractas, ora realistas y definidas, como si pudieran atravesar las barreras de mi mente y expresar aquello que contenía. El aire, denso, soplaba con fuerza y trataba de arrastrarme hacia atrás. Las sensaciones eran incoherentes e inconclusas.

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Caminante (I)

En un lugar desconocido amanecí, entre la vegetación confundido. Vislumbraba el camino que delante de mí se hallaba, mas no atisbaba el final del sendero. Mi mirada se giró, hacia atrás, sin poder observar nada más que vacío. La tenue luz impedía observar, sin más que poder tantear. A los costados, lo que parecía ser vegetación se extendía hasta hacerse infinita. Sin más alternativas que marchar hacia adelante, proseguí el camino al cual obligado me hallaba. Lento, titubeante, intentando sortear posibles amenazas que pudieran acechar, viajé hasta avanzar un largo trecho. Paulatinamente el camino se fue estrechando, volviéndose complejo, difícil de avanzar, de comprender, de proseguir. El pensar se dirigía hacia el exterior, apenas comprehensible, cuando la amenaza se distribuía por la propia mente.

Aquí es cuando las decisiones surgieron, bifurcándose el camino, dividiéndose hasta el infinito. Mas el primer camino que debía elegir estaba entre la tortuosa mirada de la ignorancia, mientras que el otro ofrecía un inhóspito destino desconocido, con múltiples variantes que se escapaban a mitad de camino, sin poder entender su culminación. Empecé penetrando aletargado la entrada desconocida, mostrándose un camino errático. Si difícil se aventuraba el poder siquiera sobrevivir, ¿cómo podría pensar en la fútil banalidad de un futuro sin construir?

Consciencia vulnerable

El día amaneció amenazante con su nueva altanera oscuridad. Todo era confusión, como una novedad incomprensible que aletargaba el intelecto. El mundo parecía estar derruido, convulso, destruido. Ni un alma se alzaba en el horizonte, ni unos ojos que velaran por la ciudad que había sido hasta ahora el lugar donde había vivido. Los edificios, completamente en ruinas, parecían simplemente piedras dejadas en el camino, aleatoriamente, sin ninguna razón. No había esperanza de vida, aniquilada por algo que ni siquiera podía imaginar. En vano podría intentar expresar con las palabras aquello que únicamente puede ser visto y sentido para ser comprendido. Ninguna expresión haría justicia a dicha realidad. Leer el resto de esta entrada »

El difuso umbral

Había despertado un día más en un mundo del cual permanecía desconectado. Le parecía algo ajeno, diferente, carente de interés. Se sumergía en sí mismo, relegando unas emociones que conectaran con el exterior, escondiendo su expresión, marchitándose su intensidad. Se afianzaba más y más en una posición aislada, vívidamente solitaria, regocijada en su propia existencia.

Sin embargo, se sentía feliz.

Divagaciones sobre la existencia

Antaño, hubo una persona que un día despertó en medio de una ciudad relativamente desierta en aquellos días. Se trataba de un día en el cual se cerraba un ciclo, donde finalizaba una porción de la vida de una persona, donde moría de nuevo una parte recurrente de la personalidad inherente. A pesar de estar en la ciudad, decidió subir al punto más alto, pues debía reflexionar sobre el tiempo, las huellas que éste había dejado y la vida. Se transportó hacia parajes lejanos, exentos de vida humana, reflejos del paraíso inexistente. Y ante la tranquilidad y serenidad de la quietud, empezó a caminar por los senderos de su difícil pensamiento.

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