Nihil

Anacronismo viviente

Etiqueta: Pensamientos

Sobre la cima

El horizonte se desplegaba ante mis ojos. Formas diferentes divergían en una maraña de entrelazadas visiones blancas. Adquirían extrañas formas que se suspendían en el aire, ora abstractas, ora realistas y definidas, como si pudieran atravesar las barreras de mi mente y expresar aquello que contenía. El aire, denso, soplaba con fuerza y trataba de arrastrarme hacia atrás. Las sensaciones eran incoherentes e inconclusas.

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Vacío inefable

El lenguaje moldea la realidad, la existencia. La visión subjetiva que cada humano tiene se construye en base a éste. Pero éste, en ocasiones, no contiene lo necesario para expresar, como si la sensación, emoción o sentimiento fuera más allá de la palabra. Existe la necesidad de dar sentido, de reconstruir y comprender, pero las palabras mueren antes de nacer.

¿Qué hacer, pues, cuando no hay palabras?

Desde la distancia

Es una extraña sensación. El mundo se recrea en sí mismo y pierde su sentido. La esperanza se marchita y renace en momentos inesperados. Pero en ocasiones tarda demasiado en resucitar, alargando la agonía hasta llegar a una incertidumbre y una crisis demasiado compleja, hilada por recuerdos, ideas y situaciones que se acumulan atendiendo a significados atribuidos. Se observa cómo la impulsividad roza el límite de la autodestrucción y la fluidez afectiva se desborda. Un horizonte de oportunidades y experiencias se estrecha hacia una superficial mirada. La ceguera no deja ver nada más que esa diminuta oscuridad. Ha explotado una nueva forma de vivir, otra vez cíclica en su existencia, volviendo hacia el mismo error primario.

Albor

Amenizaban el amanecer, con rayos translúcidos, las enérgicas miradas del sol. Pasaban, ante su tez asombrada, los lánguidos brazos del aire. La consciencia recobraba su lugar en el cerebro, aquél que permanecía alojado como una pieza más en ese cuerpo que parecía querer trascender la vida y la muerte. Podría afirmarse, a pesar de las grietas provocadas por el tiempo en el relato de dicho hombre, que su mente quería elevar su propia naturaleza a una potencia desconocida, disociándose de la estructura física.

Mucho tiempo había pasado intentando comprender el significado del código vital, de las intrincadas leyes que gobiernan lo que “puede y no puede ver”. Sin embargo, poco a poco se debilitaba su motivación, mientras veía en la lejana cumbre del mártir una extraña duda que le hacía temblar. Las creencias, arraigadas en una inquebrantable estructura, hace tiempo que se tambaleaban. Sus cimientos ya no soportaban las dudas creadas por la propia evidencia lógica.

Las conclusiones caían por su propio peso, pero se resistía aún. Los rayos seguían ofreciéndole una calurosa bienvenida a un nuevo día mientras sus pensamientos seguían los esbozos de su cerebro. Comenzaba a preguntarse, dentro de aquellas ruinas interiores, si realmente estaría fuera de cualquier dimensión conocida.

Dos, treinta y siete.

La paradójica existencia deja algunas veces incontestables disturbios en la mente de muchos seres humanos, aunque eso no sucede en todos. Los actos y las relaciones dejan evidentes huellas paralelas e interactivas a la vez, produciendo desasosiegos inevitables. Algunos acumulan acciones que les envuelven con su halo de culpabilidad y dolor. Otros, reciben esas conductas agresivas (¿violentas? ¿equivocado estoy si lo considero una expresión más de la agresión?)

Los problemas de cada uno se elevan dentro de sus propias mentes, ocupando gran parte de nuestra focalizada atención. El intento de evitar la realidad hace que se vuelva contra aquel que quiere abandonarla, tan sólo por la inercia inherente a su existencia. No intenta cambiarlo, sino proyectar una imagen limpia de inseguridades, no aceptaciones o errores.

Por encima, la aparente felicidad se convierte en un abismo insalvable. El árbol se desploma mientras nadie se da cuenta. Nadie es capaz de ver cómo sobrevuela cerca de ella. Nadie quiere pararse a preguntar, ni nadie pretende entender más allá. Y todo podría evitarse…

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