Nihil

Anacronismo viviente

Etiqueta: reflexiones

Vacío inefable

El lenguaje moldea la realidad, la existencia. La visión subjetiva que cada humano tiene se construye en base a éste. Pero éste, en ocasiones, no contiene lo necesario para expresar, como si la sensación, emoción o sentimiento fuera más allá de la palabra. Existe la necesidad de dar sentido, de reconstruir y comprender, pero las palabras mueren antes de nacer.

¿Qué hacer, pues, cuando no hay palabras?

El horizonte psicológico

El camino se rompe, se bifurca en diferentes vías que escapan a la vista. A pesar del avance, más incógnitas permanecen, diluyéndose en conclusiones eficaces parcialmente. La “verdad” huye de su encuentro, sin alcanzarse una estable visión. La imagen se reduce a un nombre, incapaz de reconocer los detalles que engloban a esta. Se saltea de uno a otro sin conseguir solidez. Se va acercando, pero a la vez se va alejando. Intenta estudiarse a “sí mismo” relegando de sí mismo. Todo aparenta una sorprendente lucidez de conocimiento.

Está perdido, mirando a lo que cree que es y no es.

Desde la distancia

Es una extraña sensación. El mundo se recrea en sí mismo y pierde su sentido. La esperanza se marchita y renace en momentos inesperados. Pero en ocasiones tarda demasiado en resucitar, alargando la agonía hasta llegar a una incertidumbre y una crisis demasiado compleja, hilada por recuerdos, ideas y situaciones que se acumulan atendiendo a significados atribuidos. Se observa cómo la impulsividad roza el límite de la autodestrucción y la fluidez afectiva se desborda. Un horizonte de oportunidades y experiencias se estrecha hacia una superficial mirada. La ceguera no deja ver nada más que esa diminuta oscuridad. Ha explotado una nueva forma de vivir, otra vez cíclica en su existencia, volviendo hacia el mismo error primario.

Desconocida eternidad

La luna parece atravesar los barrotes. Vive al otorgarle ese misticismo arcaico, cuando no es más que otro cuerpo cósmico. Qué absurda interpretación se le puede dar al mundo desconocido y qué error más grave se puede cometer cuando la arrogancia se adentra en el ser humano. Quizás, más allá de la cumbre de esa montaña, haya un ser carente de negativas cualidades. Mas pensarlo no es más que una mera utopía, pues inherente es a la extensión humana la inicua sinrazón. Por ello debo aceptar, antes del amanecer, la realidad filtrada a través de mi percepción.

Acabo de atisbar la figura de un ave nocturna que sobrevuela el cielo oscuro. No es necesario que tales siniestros presagios se presenten ante mí, porque sé cuál es mi destino. Las arenas del tiempo se acercan hacia mí y pronto me arrollarán. Eso pesa en mi mente, aguijoneándome los pensamientos como si arrastrara ya una carga desde hace años. Y no tengo nada más. Es lo único que puedo reflexionar, hasta el punto en el que ya ni siquiera recuerdo las injusticias, si es que algún día lo fueron. Al mirar hacia los barrotes lo único que veo es lo que la humanidad no quiere aceptar ni ver. Por eso, tan rápido como puedo, aparto la mirada hacia algún otro lugar. Sin embargo, sólo hay paredes.

Ahí viene. Y sé que el sermón catapultará mi mente a reflexiones profundas. Si realmente existiera como tal, la gran mayoría acabaría ante esas llamas incesantes. El castigo, ese mal humano, traspasa los límites de la existencia y se transforma en una idea divina, extracorpórea. Las ideas humanas plasmadas en un libro vendido como la fuerza de dios. Cualidades terrenales atribuidas a una figura superior.

Aceptaré, sin más, que todo ha acabado. Pero todo aquí seguirá igual.

Eva al desnudo

El personaje había estado vivo mucho antes. Vivía en la realidad, alternando la ficción con ésta última. En sus palabras se translucía expresamente. Sus objetivos ambiciosos estaban ocultos más allá de una extremísima e hipócrita modestia que alargaba los brazos y envolvía al interlocutor presente. La historia de desdichas embargó al público, lo cual hizo albergar un sentimiento de amparo y ayuda. Paradójicamente, uno de los personajes principales se nos presentó menos amable y simpático, para traspasar enseguida el umbral hacia el otro lado.

La función seguía sus pasos, con el personaje en primer plano y oculto a la vez, consiguiendo sus propios intereses a medida que avanzaba manipulando la escena. Se alzaba hacia las estrellas, liberándose de un pasado opaco. La amistad conseguida no merecía ningún reparo, pues la meta estaba cerca. Y es aquí cuando, en la cima del mundo, donde apenas había permanecido unos instantes, cuando aparece otra figura, vestida de diferente forma, que se observa al espejo con el ansiado galardón, pero manteniendo una cognición enteramente igual al personaje principal. La historia se repetía.

A %d blogueros les gusta esto: